Día a día.
Relato en forma de diario.


13

13

Estuvimos todos en la cena, bueno, menos Conformidad; por turno tocaba esta vez en casa de Cecilia. Viven a la vuelta de casa, es una unifamiliar muy bonita. Cada cual llevó su bocadillo como es costumbre, y los anfitriones ponen el resto.
Esta noche no se trataba de una reunión más, no. Era la primera a la que asistía un solo miembro de una de las parejas. Era previsible que de esta reunión de amigos pudiera extraer enseñanzas para el futuro próximo y saber el rumbo que tomaría mi relación con ellos. Al principio todo transcurría con normalidad; ya en los postres, muy buenos por cierto, la conversación derivó hacia el suceso, así lo trataban algunos, ocurrido en nuestro seno.
Cecilia aventuraba que habría que hacer dobles cenas a partir de ahora, de manera que ni Conformidad ni yo nos sintiéramos ofendidos. Su marido daba por buena la ironía dicha.
Carmen trataba de arreglar lo ocurrido. Que todavía podíamos solucionar nuestros problemas, que era cuestión de intentarlo. Carlos disentía de su mujer: Que lo hecho no tenía vuelta atrás, que ella (su mujer) no tratara de asumir el papel de ‘mujer buena’. Que nosotros éramos mayorcitos y sabíamos lo que habíamos hecho.
Merche, muy en su línea. Que no me preocupara, que en todo momento tendría el apoyo del grupo, que siempre estarían conmigo. Asumía el papel de portavoz de todos. Juan manifestaba su apoyo al hombre. Normal en él. La mujer siempre tiene la culpa.
Bueno. Esto es lo que hay. ¿habrá próxima cena? Sí, claro que sí; pero siento que nada es igual. Las simpatías de los amigos hacia nosotros...pues como todo, a partes iguales más o menos. No puede una persona relacionarse con grupos formados por parejas. Eso creo yo. Así que tengo que dejar de asistir a sus reuniones; por supuesto que acompañarles en un viaje ni soñarlo.
En fin. Así es esta vida. ¿Hay otra?

2002-10-23 a las 19:04 | orion | 4 Comentarios | #

12

Han pasado algunos días desde que mi secreto, o mejor diré mis preocupaciones, han dejado de ser tan agobiantes. De lo ocurrido hasta hoy he extraído mis conclusiones y planeo ir ejecutando lo trazado en mi mente, paso a paso. Con posterioridad me voy dando cuenta que mis planes no son perfectos. Te lo cuento Sufrido tal como lo he vivido.
En mi anterior relato contaba el momento en que Conformidad se enteraba de mis sentimientos hacia su persona. Pasados unos días me ratifiqué en lo dicho. Le expresé claramente, ahora sí, mi intención de que nuestra unión legal finalizará. Actuó conforme yo esperaba, pues Conformidad es persona educada. Llegamos a un acuerdo en lo material. Todo a partes iguales. Conformidad no regresa a su tierra, argumenta, y le di la razón, que allá tiene poco que hacer. Se comprará un piso más cerca de la capital. Yo tampoco quiero nuestra actual vivienda. Compraré una algo más pequeña, pero aquí en el mismo pueblo. ¿Con quién se queda Aries? Más adelante te lo contaré.
Bueno, han transcurrido unos días y vuelvo a escribir. inicio una nueva vida, he visitado algunas viviendas y una que se encuentra detrás de la iglesia me ha gustado mucho, y en esa plaza viven unos conocidos míos.
Han pasado un par de días y vuelvo a la casa para mirarla más detenidamente; se trata de una planta baja con tres habitaciones, espaciosas, amplio salón de estar, cocina con todas las paredes aprovechadas y al fondo una mesa fuerte, de madera; baño muy bien dispuesto. Abres una puerta grande y acristalada y accedes al patio, calzado con losetas rusticas. Y más cosas que a lo mejor cuento. Se me olvida. Arriba tiene construido: cuatro habitaciones, un baño...
En la oficina, una vez enterados mis compañeros de lo ocurrido, he recibido consejos y reprimendas: de estas últimas, Diana me ha soltado una: que debería haber reflexionado un poco más, que una vida en común, y de tantos años, no puede irse al garete así como así... de todas maneras comprendo seguía diciendo, porque conozco un poco vuestra...bueno, mejor dicho, conocía tus sentimientos hacia Conformidad, que era difícil proseguir en tal situación. No daba para más el rato del café; hasta aquí ha llegado la reprensión.
Otro compañero, al parecer enfadado, ha recriminado mi actitud el muy cretino, parece me exigía la continuación de mi matrimonio.
He recibido mi primera invitación para asistir a una cena con mis amigos. Te cuento.

2002-10-19 a las 12:13 | orion | 0 Comentarios | #

11

Hace algunos días me preguntó si ocurría algo malo entre nosotros, pues notaba en mi cierto distanciamiento que le estaba causando profunda desazón, y no sabía a qué atribuirlo. Fueron unos segundos, pero me quede como un témpano, y acto seguido reaccioné ¡ Ha llegado el momento tan esperado ¡ ¡ por fin se clarifica tan negra situación ¡ Eso me venía a la cabeza de inmediato, y hablé: Sí, verás, hace tiempo que deseaba hablarte de ello. Conformidad, no quiero hacerte daño, pero...no te quiero como antes, bueno, te quiero, pero ya no es amor. No puedo decirte cómo comenzó todo..y suspiré hondo, más profundamente que en cualquier otra ocasión. La cara de Conformidad reflejaba confusión, desencanto, mucha tristeza. En esos momentos me sentía mal, y también lástima. Nos encontrábamos en una pequeña habitación , orientada al sur, en donde hago, hacemos labores de ocio. Por la ventana ya no entra el sol, pero todavía está completamente iluminada por sus reflejos, miraba como si lo hubiera descubierto en ese instante, un reloj alojado en una repisa y seguía fijamente el recorrido del segundero, de color rojo. No recuerdo las vueltas dadas, solo que cuando desvié la mirada de nuevo hacia Conformidad, sentí la necesidad de seguir disculpándome, porque posteriormente, recordando esos desgraciados momentos constato que eso era realmente lo que hacía, disculparme ¿debía justificarme por no amar a una persona? Lamento ahora lo que hablé a continuación. Cedí sin que nadie me lo pidiera: Si te parece esperamos un poco y reflexionamos.
Conformidad muy en su línea me interrumpió: Bien, ya no sientes por mi... lo de antes. Bien. En todas las parejas surgen etapas de crisis ¿no? Dices, y muy bien, que durante algún tiempo deberíamos reflexionar. De acuerdo, lo veo bien. Vamos a dejarlo así, dentro de... cuando tu quieras me informas de lo que sea. Sabes que yo te quiero, claro que esto es cosa de dos, si no... Bien, bueno. A Aries ¿le decimos algo? No, respondí, por ahora no. Y Conformidad asintió, mejor así, y continuó ¿cómo dormimos? Si no fuera por lo trágico del asunto me habría entrado un ataque de risa. Pues dormimos.. ya lo pensaré, o si no mira, tu puedes dormir en la habitación del baúl. Conformidad contestó que qué le decimos a Aries. La ira acudió rauda, mascullé algunas tonterías y acordamos dejarlo para más adelante. El enfado era contra mi, por no hablar claro exponiendo realmente lo que sentía, lo que yo quería.
Al rato de haberse marchado Conformidad a su nueva habitación, cogí el libro ya citado e intenté sumergirme en la azarosa vida de los Bennet; deseche la lectura por falta de concentración y, no me importa confesarlo, tuve que secarme unas lágrimas que se escapaban.




















2002-10-19 a las 12:13 | orion | 0 Comentarios | #

10


Ha terminado el verano aunque no oficialmente, pero al finalizar agosto termina el estío. Todos vuelven a su tarea cotidiana. Volvemos al trabajo, agradable para algunos, desagradable (me temo) para muchos.
Regresamos con la promesa de no fumar o de adelgazar un par de kilos o de no hacer o decir eso que tanto molesta a nuestra pareja, cuñados u otras especies. describiremos los lugares en donde hemos estado, que no conocido, y lo contaremos con profusión de detalles hasta aburrir a nuestro auditorio, si antes no nos interrumpen para contar “su viaje” el de cada cual.
He tenido oportunidad de presenciar una narración de este tipo, exhibiendo fotografías que inmortalizan a los fotografiados, al mismo tiempo certifican su presencia en el conocido lugar de... o ante el monumento internacionalmente famoso de ...
La alegría inmensa de los protagonistas narrando su viaje, contrasta con el tedio y falta de ganas en los momentos de visita a los diferentes lugares, y que yo presenciaba. Disfrutamos al contar las cosas en lugar de vivirlas,
Conformidad y yo hemos estado soleando nuestros cuerpos. Aunque prefiere el interior, la montaña, yo impongo mi preferencia y disfruto de la playa. Coloco la toalla en la arena, con cuidado de no molestar a nadie y zás, me tumbo; puedo permanecer media hora boca arriba y casi otra media hora boca abajo. En esta última posición abro los ojos de cuando de cuando y miro: una pareja en actitud de pareja; una familia al completo, sombrilla incluida, los pequeños incordiando a los vecinos playeros; dos chicas enseñando pecho; otros dos chicos hinchando pecho, haciendo cabriolas a fin de llamar la atención de aquellas o de otras. Una pareja leyendo, sin hijos, o a lo mejor los tienen, pero ya vuelan solos. Al rato me siento en una silla, me pongo la prenda de arriba, también la gorra y continúo la lectura de “Orgullo y Prejuicio”. Es precisamente cuando leo y no en otro momento, cuando Conformidad intenta enhebrar la aguja de la conversación: “estaríamos encantados, fresquísimos bajo los chopos de la ribera” o “no comprendo como te gusta tanto el sol, además sabes que provoca melanomas y ...” Interrumpo sus palabras animosas y le digo que a su pueblo marcharemos en Abril en Semana Santa.
Me encanta la playa, chapotear en el agua, que el sol inunde mi cuerpo, ducharme cada vez que salgo del agua, sentir la brisa procedente de mar adentro, refrescante; observar los veleros a lo lejos, los barcos mercantes anclados en la lejanía, esperando permiso para atracar en puerto; me divierten las gaviotas planeando en el espacio y escuchar los sonidos que emiten ¿Y el olor? Ese olor a salitre, a mar. A mi memoria acuden escenas. Era pequeño. Trasladarnos a la playa resultaba todo un acontecimiento. Los mayores preparaban los bocadillos y llenaban las bolsas con toallas y no se qué más. Nos íbamos andando, el coche aún era artículo no permitido, y bajábamos hasta la estación del ferrocarril. Ya en el tren, con unos vagones viejísimos, asientos de madera, la chiquillería nos hacíamos con la parte de la ventanilla y embelesados, tras arrancar renqueante el tren, mirábamos absortos todo lo que desfilaba ante nuestros ojos. Chaletitos con gente bañándose en las piscinas o balsas de riego, altas palmeras, luego calles por donde se incrustaba el tren y finalmente la estación de la ciudad. Unos 20 minutos. Allí enlazábamos con otro idéntico que nos llevaría a la playa. La vuelta era distinta. Agotados y sin ganas de chillar; al llegar al pueblo esperaba lo peor: una cuesta detrás de otra hasta llegara casa. Pero en fin, valía la pena. Esperábamos la próxima con gran alegría.

2002-09-30 a las 12:13 | orion | 0 Comentarios | #

9



Fue verlo y su corazón desbocado como un caballo parecía querer salir de su pecho, suspirando...
Así podríamos leer en una novela rosa si hablaran de Maldo. No hay duda de que este compañero de trabajo en un buen ti... no, no, no, quiero decir, tiene buen tipo, que es diferente. Moreno, de ojos marrones penetrantes, muchas mujeres sienten cierto picor en el estomago al sentirse observadas por él; tiene buena altura, es delgado, gasta buenas prendas en vestir y sabe conjuntar colores; además es simpático. Una compañera hubo que sucumbió a sus encantos, o a lo mejor ocurrió al revés, no se; él es consciente de su poder, del atractivo que tiene. Y se nota.
No a todas las mujeres, afortunadamente, produce el mismo efecto, ya que cuando hablas un buen rato con Maldo, a muchas las tira para atrás. De modales toscos, verbo fluido, pero hueco. No resiste a una mujer inteligente por razones obvias. Es desolador verlo en acción. Lo paradigmático es ver que muchas mujeres sucumben (¿). Con los de su mismo sexo tiene buena relación... si observa falta de competencia, pues si hay una mujer cerca, Maldo saca todo su machismo atávico enseñado por otra mujer.
Es frecuente culpabilizar a las madres del mal comportamiento de sus vástagos, afirmación a la que me uno totalmente. de niños comienzan a maleducarlos: “La mesa que la limpie tu hermana... llorar no es de hombres... no juegues con muñecas...¡¡ has dejado que tu hermana te gane ¡!. Es constante el bombardeo de ideas, de prejuicios a que someten a un niño y en igual sentido, con otros ejemplos, a las féminas.
Tu sufrido, seguro estoy tienes formada opinión sobre la igualdad de sexos ¿crees en la diferencia? Por lo que respecta a lo visible... la hay, evidentemente; la fuerza física es detentada por los hombres.
Nunca entendí cómo la chica de la mesa del fondo, estuvo al borde de una depresión al ser abandonada por Maldo. Parece inteligente, y sin embargo...
Creo que la inteligencia interviene poco en el amor-desamor. es un sentimiento y como tal sujeto al inexplicable mundo interior del ser humano. Ella sabía, entendía cuando le explicaba, pobre de mi, sin exíto, la sinrazón de prestar un mínimo de atención a semejante indivíduo, y no obstante seguía enamorada o embobada. Donde intervienen los sentimientos no hay sitio para la inteligencia. Entiendo yo.

2002-09-13 a las 11:41 | orion | 1 Comentarios | #

8


Hola Sufrido. Hace unos días te contaba el momento en que nos conocimos Conformidad y yo. Acaba el relato en que íbamos para mi casa. Bien. Llegamos y cortésmente le di las gracias ¿Qué haces aquí? fue su respuesta. Como no reaccionaba, la verdad que me sorprendió un poco, continuó: ¿Me quieres decir qué haces en este pueblo? Seguramente intuyó que quería aclararle una cosa, que no era un pueblo sino una ciudad; pequeña sí, pero una ciudad. Conformidad sentenció: sí, es una ciudad, pero...todos nos conocemos, los lugares a dónde ir siempre los mismos, no hay la marcha que se encuentra en tu tierra. Desvió su mirada hacia la nada y prosiguió denostando a su ciudad.
Sin duda atravesaba mal momento. Más tarde comprobaría que su manera negativa de ver todo, era contagiosa. Cogí su mano y forzando una sonrisa intenté persuadir a Conformidad que su ciudad, la tierra en donde estábamos era maravillosa. Centro cultural de la antigua humanidad. Plagada de monumentos y edificios majestuosos... y alguna que otra tontería que añadí.
Al final de mi encendida defensa de un territorio que no era del todo de mi agrado, vi a Conformidad como observaba nuestras manos entrelazadas y seguidamente a mis ojos. No pude descifrar el significado de su mirada, pero sentí que me ardía la cara. me desprendí rápido temiendo que mi actitud pudiera ser mal interpretada.
Bueno, hemos llegado, me dijo. Bajé del coche, y todavía me dijo: sabes escuchar. Y arrancó con gran estrépito de ruedas.
Antes de entrar en casa dirigí los ojos al cielo siempre estrellado de Castilla y acompañado de mi soledad sentía que aquella persona cuando menos era interesante. Gran error el mío.
Amigo Sufrido ¿sabes tu de la magia de esos momentos? Amar, querer, no tendría que sobrepasar un determinado tiempo, una semana, un mes, un año, quizá es demasiado. La realidad posterior es traumática ¿la realidad anterior no lo era, no fue real lo vivido? Sí, lo que pasa que si la mente de la persona en la que se produce ese golpe de dicha que es el enamoramiento, continuara indefinidamente... sería demoledor.
Hay parejas que perduran en el tiempo, me gustaría ser una de ellas; claro que a continuación me asalta la duda ¿también perdura el amor? Esas parejas que vemos envejecer juntos ¿se aman? o se han acomodado la una a la otra. Dime algo Sufrido. Me inquieta tanta pregunta, no conocer respuestas; me deprime saber certeramente que la felicidad que todos anhelamos, la duradera, la que reconocemos cuando descubres un día su desaparición, no se cruzara en mi camino. Es desolador escribir esto. Es cómico querer disfrutar de paz entre tanta batalla que libran los sentimientos.
Hasta pronto.

2002-09-09 a las 12:35 | orion | 2 Comentarios | #

7

Hola Sufrido. Puede que sobrelleves una situación parecida a la mía. Me gustaría saber cómo lo solucionas, o lo intentas. Yo, en ocasiones planeo cómo decírselo, incluso “monto” la escena, y el resultado final es que la cabeza me arde. Tendría que ser fácil. Por ejemplo: “ Oye, mira, he decidido marcharme, lo nuestro no funciona “ Ya está. Se acabó. No, no, no es sencillo. Soy consciente que nuestra separación se va a producir; nuestra vida en común es hueca. Quizá... ¡Conformidad¡ he de decirte una cosa. Sus ojos miraran expectantes. Habrás reparado en que padecemos problemas de comunicación. -Seguirá con la mirada fija en mi-. Creo que ya no te quiero. –Suena cruel- Quizá: Deberíamos separarnos durante algún tiempo. -Sí, así es más suave. ¿Y si no me deja terminar? ¿Qué respondo?- Pues... noto que no me atraes como antes o ...atravesamos unos momentos inciertos. –suena cursi- ¿Te parece acertado que nos tomemos una temporada de meditación? Yo puedo irme a la casa de mis padres, arreglándola un poco... Tu, si quieres te quedas aquí y cuando nos sintamos seguros o sepamos qué hacer...pues... –No parece violenta esta exposición. Cabe la posibilidad que Conformidad apunte que lo tiene claro como el agua, que me sigue queriendo; entonces qué podría añadir- ...lo cierto es que la culpa es toda mía, atravieso un mal momento; pero no tiene por qué se irreversible ¿sabes? –Y si contraataca argumentando que...- “
La cabeza comienza a resentirse.

2002-09-05 a las 10:13 | orion | 1 Comentarios | #

6

Merche y Juan son una de las tres parejas con las que pasamos ratos de ocio, podrían ser amigos. Ella es la tempestad, la calma es él. Ella es el dominio, a ejercer en todo, él aspirante a ejercer en nada...salvo cuando siente atacados sus motivos de vivir, que son dos, depredadores ambos. Merche es una copia de Carmen, otra del grupo. Se diferencian en que aquella es más alegre (superficial) y sutil y ésta taciturna y sencilla. Tremendamente usurpadoras de la personalidad de quien se ponga por delante. Tarde o temprano uno sale de la especie de embrujamiento a que ha sido sometido y trata de ser, simplemente ser; entonces se produce un terremoto en las relaciones de amistad. Son buenas personas.
Te das cuenta Sufrido. Todos son, somos buenas personas y tenemos cada uno, según la visión del prójimo, faltas o virtudes difíciles de aceptar.
Encuentro sintomático y clarificador que sienta necesidad de hablar sobre mis cosas, pero poco de mi problema.
¿Te he descrito el pueblo en donde vivo? No. Sabemos que no. Lo vas a conocer: tiene consideración de pedanía y por tanto alejado del núcleo urbano principal al que pertenece. La mayor parte de sus habitantes lo tenemos como pueblo, pues eso es lo que es, aunque no de manera oficial. Situado en una de las zonas de mayor expansión de la ciudad, y por ello está desapareciendo toda la zona verde que existe alrededor, zona de campos, de cuya explotación han vivido durante siglos sus habitantes. Urbanísticamente es deplorable; alberga un coloso financiero sustento de muchos vecinos y ariete comercial de la región. El pueblo se encuentra cercado por infinidad de caminos y cruzado por uno de hierro. El mar, desde la azotea de mi casa es visible, aunque lo encuentro lejano. Este pueblo carece del menor interés a efectos culturales y a todos los efectos. No tiene monumentos, ni paisajes; no es bonito, o sea, nada. Otra cosa son sus vecinos. Como la ciudad se halla cerca, muy a menudo voy hasta ella a bordo de nuestro tren y una vez allí, tras comprar el periódico degusto un café en uno de los bares del centro. Paseo por la zona comercial antigua que rodea el mercado municipal. El bullicio es enorme, pero grato. En las modernas zonas comerciales el ruido es morrocotudo. Un incesante enjambre humano deambula de un sito a otro. Entran en una tienda, salen de otra... Veo a un grupo de jubilados, siempre en la misma mesa del mismo bar, en la plaza las mismas caras. Turistas que persiguen la enseña que porta el guía, casi siempre la guía, mirando todo y a todos, escuchando las explicaciones de siglos de historia.
Sigo andando y tras pasar por la orilla de un establecimiento conocido por todo el mundo, casi, y al que hay que acercarse porque así lo manda la tradición, sobre en todo en cierta época del año, llego a una plaza señera. Miro y veo: al frente la calle más bonita de la ciudad; a mi derecha probablemente la más transitada y a la izquierda al fondo una de las puertas de la catedral. Si estuviera libre de vehículos sería una plaza magnifica.
Es hora de irse.

2002-09-03 a las 17:14 | orion | 0 Comentarios | #

5

El encuentro.
Nos conocimos lejos de aquí. Razones de trabajo me llevaron a la región de donde es Conformidad. Tierra montañosa, fría, y para un mediterráneo como yo, dura. Tiene mi empresa multitud de oficinas repartidas por todo el territorio nacional. Los comienzos no me gustaron, mi aclimatación al medio (nunca se produjo)resultó lenta. Pasaron los días y ocurrió lo previsible, fui haciendo amistades a través de mis compañeros de trabajo; a éstos nunca me ha gustado disfrutarlos como amigos. Intento separar el ocio del trabajo. Continúo. Conocí a gente, y guardo especial recuerdo de una pareja de fotógrafos que regentaban una tienda del ramo. En un bar cercano, a la tienda y a mi oficina, la conocí a ella: rellenita, simpática, cuarentona. Algunos dirían resultona. Coincidíamos varios días a la hora de comer. Uno de ellos, me siseo un poco, la miré y me dijo: “Para estar así nos juntamos”. Acepte la propuesta y los dos siguientes días comíamos juntos. Al tercero se presentó acompañad de su marido, quien había asistido a una feria de fotografía en Francia. Un poco soso él, aunque luego descubrí que era tímido. Mejoré su puntuación al tratarlo más menudo. Seguro que les infundí lástima. Me abrieron su casa, y por tanto su mundo, y fui descubriendo lo grandes que eran. Aprendí algo de fotografía, de cuartos oscuros, composición y algo más. Y resulta claro que tuvieron bastante responsabilidad en que Conformidad y yo arribáramos a buen puerto. ¿A buen puerto?
Cenábamos en un bar festejando un cumpleaños, el propietario del bar, raro él, formaba parte del grupo de amistad. Procuraba dar cuenta de mis albóndigas con salsa de no se qué, cuando los allí presentes prorrumpieron en gritos “ ¡¡ al fin! ¡dichosos...! ¡qué alegría!! “ Se armó una buena. Me giré un poquito a mi izquierda, pues hacia allí se dirigían las exclamaciones, pero no resultó suficiente. Agarrando la silla di la vuelta necesaria para mirar. Note que mi corazón se iluminaba ¿se puede iluminar un corazón? Sentía como una punzada en mi cuerpo. Agradable. Algo en mi se dilataba, los vasos sanguíneos, el cerebro, mi vientre, mi estomago. Era una sensación dulce, un bienestar hondo, profundo. Jamás he vuelto a vivir segundos tan mágicos como aquellos. Ni siquiera en los dos años siguientes que duró nuestra luna de miel. Advertí una mirada limpia, impregnada de tristeza a pesar de la sonrisa; cuerpo radiante, irradiante de personalidad. Casi sin darme cuenta estaba a mi lado; alguien le acerco una silla. ¿no os conocéis, verdad? sentenció mi madre adoptiva, pues la pareja fotógrafa se habían declarado responsables de mi persona “allí en tierra extraña, sin compañía...
No, musité al tiempo que movía la cabeza a un lado y a otro. Sus ojos claros clavaron su mirada en los míos, me dijo hola y nos estrechamos las manos. Sonrió un poco y enseñó unos dientes menudos, bonitos. Tras el breve saludo, Conformidad trabó conversación con los demás. Mi madrina me lanzaba miradas que cuando yo las recogía, rápido las relanzaba hacia Conformidad. era claro que se proponía emparejarnos.
Finalizó la velada y el amigo fotógrafo advirtió a Conformidad que yo no traía coche, que si no le importaba llevarme a casa. No, no...traté de defenderme del acoso de mi amigo, y no pude decir más, pues Conformidad estaba a mi lado y únicamente comentó: vamos.
En la esquina siguiente, a la izquierda, estaba aparcado el vehículo. Subimos y le expliqué por dónde debíamos marchar.
Sufrido, hasta mañana.























































































2002-08-30 a las 17:23 | orion | 0 Comentarios | #

4

Hola. Estos días pasados no me encontraba con ganas de escribir. Mis deberes los realizaba mecánicamente; siempre me he considerado persona amable, propicia para gustar a los demás; estas cualidades siento que me abandonan. Todo es producto de los tristes momentos que atravieso ¡debo dar el paso definitivo¡ Sí, eso lo se, pero por qué me cuesta tanto, que me impide avanzar hacia la felicidad. No ignoro cual es mi obstáculo, lo tengo identificado, entonces ¿qué hacer? Seguir mi vida en soledad, bueno, mejor que en soledad, sin Conformidad. ¿retornaría la sonrisa a mi rostro? Creo que sí. Tengo que actuar rápido. Aries también se lo merece. Sospecho que nota algo.
Me ha llamado un primo informándome que se casa una hija suya de la que ni siquiera se su nombre y a la que puedo haber visto en no más de diez ocasiones; bueno, visitaré de nuevo mi pueblo que está a cinco minutos de donde vivo. Saludaré a familiares y antiguos amigos, a quienes no veo hace una eternidad. No será una jornada agradable. A ti también te pasa Sufrido? A veces pienso que soy una persona rara. ¡Ay, mi pueblo! Qué bien lo pasábamos, claro que, ¿quién no lo pasa de maravilla cuando se es suficientemente joven? Recuerdo la Pascua. Un numeroso grupo de críos, o jóvenes, formábamos grupo expresamente para esos días; merendábamos, saltábamos a la cuerda, juegos de prendas, se producían los primeros escarceos... días felices. No habían discotecas, bueno sí, algunas empezaban a abrir, entraban poquito a poco los televisores en las casas ¿afortunadamente? Todos vivíamos de cara a la calle. Hoy al contrario, de espaldas a la calle, encerrados en casa, devorando tele o como en mi caso consumiendo ordenador. Son estadios de la vida, cambiante; supongo que desde que el mundo existe.
Lo he dicho, mi pueblo está a un tiro de piedra de mi casa. Pasan los años y no encuentro el momento de acercarme a él. Si se encontrara más lejos probablemente me esforzaría por ir más a menudo. No se. Cuando ando por las calles que me vieron crecer, por los rincones donde descubrí la vida... algo inenarrable ocurre en los más hondo de mi alma. Noto una paz intensa, aderezada con una pizca de desasosiego que me dura hasta que abandono las últimas casas. Observo a las personas con quienes me cruzo, intensamente si no las conozco, tratando de descubrir algún rasgo para recordar si se trata de aquél que los amigos criticábamos por ser algo raro, pues obedecía lo que su madre le ordenaba aunque ella no estaba presente, o aquella que siempre estaba leyendo tebeos e incluso novelas. En la parte alta del pueblo había una plaza, está todavía, y allí una fuente, desaparecida como casi todas, y al lado mismo de la fuente un árbol de hojas bonitas y frutos que nos comíamos, bueno no, creo que no eran frutos, quizá fueran las hojas. Estaban muy ricas o así lo guardo en mi recuerdo. A la fuente en aquél entonces, acudían muchos vecinos a abastecerse de agua, pues las viviendas cercanas, por la peculiaridad de las mismas carecían de agua potable.
Descubro lo implacable que es el tiempo con las personas. Rostros castigados por.. ¿por quién? ¿por el sol? Algunas. ¿por el frío? Aquí no hace mucho frío. ¿por la vida? Sí, por la mala vida, añado. Rostros ya ajados, cuerpos muy descuidados, miradas desdichadas, cuando mi memoria evoca caras bellas, cuerpos esbeltos y destellos en los ojos. Me pongo triste. Y viene enseguida la pregunta. ¿cómo me verán los demás? qué adjetivos me aplicarán.
Mejor no saber.






































2002-08-10 a las 12:36 | orion | 1 Comentarios | #

3

¿Cómo he llegado a esta situación? Conformidad, lo he dicho, me quiere, algo siente por mi; pero yo no siento nada. Nada. Vacío total. Quisiera tener la formación suficiente para explicarte a ti, lector(a partir de ahora voy a llamarte Sufrido) que lees estas divagaciones, lo que siento hacia Conformidad; a lo mejor un psicólogo o quizás un escritor lo haría, no se. Lo desagradable es cuando tengo que sufrir la intimidad, aunque realmente la sufro poco, hace tiempo que nuestros momentos íntimos han menguado. Es que tengo –le dije- no se..., he ido al médico y me ha recomendado que dejemos pasar el tiempo. Que ya me volverá la normalidad.... Y se conforma. ¿Te acuerdas cómo se llama, verdad?
Retrocedo en mi vida y recuerdo, transcurrirían cuatro o cinco años desde la boda; poco a poco comencé a notar que nuestros encuentros, sencillamente no me producía la satisfacción de los inicios, carecían estos encuentros de lo que yo creo necesario, PASIÓN. Sí, ya se que con el tiempo va perdiendo grandeza esta palabra, pero yo notaba que quería “algo más”.
He dejado “mi novela” durante unos minutos. Falsa alarma. Conformidad sigue viendo la televisión ¡! dios, se traga todo ¡¡ Da igual que programen una película del oeste que musical, lo que sea lo ve. Y tu, qué haces siempre en el ordenador, me pregunta. Le contesto: nada, miro cosas, y queda zanjada la cuestión.

2002-08-05 a las 11:42 | orion | 0 Comentarios | #

2

Tuve que dejar esta faena el otro día, pues Aries, mi hijo se despertó. Tenía una pesadilla. Yo también la soporto todos los días. Conformidad y yo no tenemos grandes discusiones, no vivimos agrias polémicas, y por no tener no tenemos nada en común, salvo a Aries.
Me quiero separar sí, pero ¿cómo empiezo? A lo mejor este es un buen comienzo. El hecho de escribir me hace un poco más fuerte. Nuestra relación es inexistente, para mi al menos. Conformidad lo lleva mejor, creo que nota digamos mi ...desapego, pero siente algo por mi.
Ayer no visitaron Merche y Juan. Son amigos nuestros desde hace algunos años, y nos llevamos bien; ellos también funcionan bien, creo. Nos enseñaron las fotografías de nuestra última excursión: un recorrido por Mérida y sus alrededores. Formamos un grupo de amigos, cuatro parejas, y salimos regularmente a viajar, al cine, en fin lo normal. Las fotografías dan mucho juego en las reuniones; Merche se empeña en creer y hacernos creer que es una artista de la fotografía. Que si esta es una maravilla, que si vaya encuadre más perfecto que he hecho. No necesita que la aplaudan. Tu querrías decirle: Merche eres pesada como una losa, pero lo probable es que se enfadara. Conformidad lleva mal esta arrogancia de Merche, y se nota, y ellos lo notan; en este viaje lo han notado.

2002-07-25 a las 22:41 | orion | 0 Comentarios | #

Hacia arriba.

DIARIO

Hola. Puedes llamarme Decepción. Nombre descriptivo de mi estado anímico y que adopto para este relato. Podría apellidarme Valor: poseerlo quiero.
Tengo edad suficiente para merecer mi nombre, y ha llegado el momento de dignificar mi apellido. Debo darle brillo.
Vivo en una ciudad que me gusta, aunque no la he elegido. Sí que elegí el barrio en que vivo y no me disgusta; escogí la calle en donde está mi casa... y cambiarla quisiera (la casa).
Conformidad se llama la persona con quien convivo y ella es la causa de mi relato ¿Ella? Quizá sea yo, que deseo liberarme de las ataduras que nadie me puso.
Quiero contar ¿para liberarme? Sí, creo que sí; bueno, quiero contarte mis pensamientos en este momento en que estoy preparando un cambio importante en mi vida: ¡¡ quiero dejar a Conformidad ¡!
Conformidad es una persona corriente, normal; aunque no siempre ha sido así. Recuerdo, ya hace años, cuando nos casamos. ¡Dios qué ilusión! Teníamos 23 años y el mundo por delante para comérnoslo: jóvenes, no feos, no antipáticos, con ganas de hacer bien. Conformidad es de un pueblo lejano, grande, agrícola. Yo, Decepción, soy de otra localidad también cercana a la ciudad en donde vivimos.
Bien ¿cómo lo hago? No quiero herir a Conformidad. ¿Cómo le presento mi decisión?
Mañana seguiré escribiendo. Voy a su lado.
Hasta mañana o mejor hasta pronto.

2002-07-24 a las 11:09 | orion | 2 Comentarios | #

Recuerdo...

2002-07-17 a las 22:13 | orion | 1 Comentarios | #




  
 

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